Comandante Chávez

4.oct.2012 / 02:56 pm / Haga un comentario

Una fenomenal confluencia de patriotas toma Caracas. Las calles apenas contienen las corrientes, los caudales de corazones que claman, aupan, celebran. Es la Venezuela profunda, la del 27 de febrero y también la del 4-F; la Venezuela que respondió con un 13 de abril a quienes hoy pretenden asaltar el poder en base a la mentira. Es la Venezuela resistente y jamás doblegada que soportó el golpe petrolero de 2002. Marchantes que pisotean paquetazos neoliberales y que abren los senderos del futuro. Son miles, son cientos de miles, los que desde este jueves comienzan a delinear la victoria perfecta.

En la avenida México, nos aproximamos al corazón de Rebeca Bolívar. Su entusiasmo desbordado, hace una pausa. “Triunfalismo jamás. Debemos movilizarnos el domingo con disciplina. ¡Nadie puede dejar de votar! Tengo mi 1×10 colgado del pecho, plastificado, ¡como un tesoro! El 7 de octubre está prohibido fallar”. Rebeca sigue adelante; es un día de fiesta democrática y la música mueve las voluntades.

René Gutiérrez, jubilado y beneficiario de la Gran Misión en Amor Mayor, nos dijo desde la avenida Lecuna que aún se arrepiente de haber votado por el candidato de la burguesía en 2006. “La gente me mareó con sus tonterías. Intento dejar eso en el pasado, mijo, y agradecer con mi voto todo lo que ha hecho por mí el Presidente en este período. Ahora cobro mi pensión digna y tengo dónde comprar barato y bueno. ¡Mi voto este domingo es para Chávez!”.

Mientras avanza la mañana, nos cuesta avanzar. Desde la avenida Universidad, Ronda Febres nos señala la afluencia revolucionaria en la avenida Bolívar. “Aún es temprano y hay tanta gente. Tenía eso que llaman estrés electoral, pero hoy se ha diluido en este mar de pueblo. ¡Es la victoria perfecta lo que se siente en cada esquina!”.

Subimos por la avenida Fuerzas Armadas; son pocos los espacios por dónde moverse. “Lo único que lamento de este gentío es que hoy no funciona el Bus Caracas”, bromeó Randi Fernández, abogado de la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV). “Para donde voltees hay una obra de Gobierno. Ese edificio es de la Gran Misión Vivienda Venezuela. ¿Ves el afiche grandote de Chávez en el piso 4? ¡Ese es mi hogar!”.

“¡La avenida Urdaneta también está repleta!”, escuchamos gritando a Rosa Meléndez, quien labora como doctora de la Misión Barrio Adentro. “Solo le digo algo, amigo: El pueblo agradece”. Sus palabras, breves, tienen peso. Chávez no es el corazón del pueblo por capricho, pensamos, mientras recogemos testimonios.

Cerca del mediodía, se hace casi imposible avanzar por la avenida Baralt. Logramos ascender hasta Puente Llaguno, espacio de dignidad que aguarda por el paso del “candidato de la Patria”. “Acá estamos, pacíficos y democráticos como somos, pero listos para defender esa paz y esa democracia. Acá sigue Llaguno, sigue en nosotros el dolor del 11 y la inmortalidad que alcanzamos como pueblo el 13 de abril”. Nos estremecen las palabras del hombre que se nos pierde entre la multitud sin darnos su nombre. Pudiéramos ponerle cualquiera, pero decidimos llamarlo Simón.

 

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